SÍNTOMAS ESE BRAZO QUE INVISIBLE ARRASTRA

I

La tentación del abandono

delata la atonía del suspiro.

Está ahí, inexplicable;

se instala sobre el cuerpo agostado

en un combate que sabe ganado.

Un grito lanzado al silencio.

La mirada nublada en su cerco…

¿Dónde quedan sus chispas?

II

El hambre muestra su sonrisa,

malévola y canina,

no acude a su cita con las horas;

corren inmóviles, se agolpan

sobre las flores rotas

del sillón tapizado.

Hoy no comí,

el cuerpo no tuvo fuerzas.

III

Decidido acomete su embestida;

tras un día  turbio,

se hace el frágil vacío.

La nada acompaña al sueño;

el colchón  soporta el peso

de historias necias, se hace plaza

donde los ojos defecan su espanto

y luchan en un nudo de sábanas.

IV

Mañana.

El espejo mira desconfiado.

El primer buenos días corta,

forma un muro alambrado.

No deja lugar a la duda,

el silencio se tensa

y lanza sus dardos,

mirando para otro lado.

V

La prisa cotidiana esconde los ojos

en  el atronador matutino urbano.

Mis pasos se suceden rutinarios,

esquivando coches que huyen,

viandantes ciegos… siento envida:

un niño se rebela llorando,

arrastrado por el brazo paterno.

VI

No puede ser, esto no puede ser.

Y, sin embargo es.

Busco porqués sintomáticos.

El balance se antoja largo,

qué no cuadra que pudo

y no es sino murria.

Emergen sueños fallidos

convertidos en tiranía invisible.

VII

El sol sigue mis pasos,

tal vez quiera clarear

la sombra que me acompaña.

Breve destello de ilusión.

Le miro de frente,

los ojos se defienden,

cierran sus puertas.

La sombra se alarga.

VIII

Aturden las voces amigas:

sugerencias, consejos, besos…

La ausencia se hace manifiesta

en un asentir mecánico;

la mirada juega condescendiente

en un baño de complacencia.

Acepta, agradece, besa

y calla.

IX

Esta cerrazón

se carga de negrura.

En un inminente deseo

de romper en mil rayos

esta solitaria existencia.

Pero no estallan los ojos,

no horadan las mejillas

sus torrenteras.

X

Miro el interior del brocal,

no me veo ni adivino su agua;

me grito esperando el eco

de una respuesta, no llega.

Resbalo y caigo,

el hueco entre los signos me sujeta.

Salta una lágrima, escapa.

El fondo se alegra en un chop.

XI

Una sola gota ilumina el vacío,

se expande borrando las grietas.

El grito encerrado se puebla,

el teclado escupe sobre la página,

se emborrona de palabras quietas.

Solo en mi voz bailan,

a la espera de ser pronunciadas.

¿Qué dirán, libres e idénticas?

XII

Las lágrimas no vertidas

conforman sólidas sonrisas.

Se burlan de luchas inútiles,

libradas en campos de silencio.

La sangre derramada

se limpia en páginas blancas,

se frota con palabras

de agua cristalina.

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2 comentarios en “SÍNTOMAS ESE BRAZO QUE INVISIBLE ARRASTRA

    1. Justo antes de ser leído por primera vez en voz alta ante amigos y conocidos, una mujer que no sabía lo que iba a escuchar, hablaba animada, de cómo el dolor, produce los poemas más hermosos. Tras la lectura, tal vez un poco acelerada, la mujer me dio un largo abrazo y dijo: “qué valiente eres al mostrarte sin melindres”. Me bastó para saber que independientemente de la calidad del poema, que hablen los sabios, había conseguido su fin último que no es otro que el de transmitir. Me sentí satisfecho; pero me pesa un poco que la voz de poeta que busco se encuentre cómoda en el dolor, venga de donde venga.
      Muchas gracias Jorge, contribuye a la reconstrucción de una sonrisa, saber que sigues ahí a pesar de este abandono mio.
      Un abrazo pleno,

      Me gusta

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