ANTECESSOR

   Cansado de mirar al cielo, al mismo tiempo que lo verdusco de sus dientes no dejaba de hurgar en lo renegrido de las uñas de sus manos, el homo antecessor sintió un apretón. Fuera por el miedo al negro del cielo, o por la prisa inmediata por evacuar, corrió hacia  el árbol más cercano. No sabía muy bien por dónde iba a discurrir el aluvión. Se ubicó, y, sin detenerse,  ascendió por la colina confundiendo su propia humedad con las primeras gotas de la tormenta. Una más. Sabía que sólo desde arriba podría, con su fuego, combatir al cielo encendido.

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