ATMÓSFERA II

   No hay nada en el horizonte. Tan solo la quietud de un invierno helado que insiste en  permanecer. El bullicio de las calles se ha esfumado; se refugia dentro de las salas, hacinado entre los gritos de los no cuerdos que ríen a mandíbula batiente su propia peculiaridad. Comerciando con ternura, los célibes, se auto flagelan  en el edificio de enfrente. El regreso al  pasado planea como el eco de un bombardeo cotidiano cuando, apenas vemos el paso dado. Nada escapa a la cortante mirada; afila su conciencia en  coloquios ensimismados, preparándose para rasgar de un tajo el camino trazado.

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