MAJESTAD

   La  vieja corona se tambalea sobre la cabeza de la momia dentro de su vitrina de cristal; algún súbdito fiel secará con papeles nuevos las húmedas  piernas, alimentando de sacro servilismo  la devoción de los gerifaltes anónimos. Mientras tanto, afuera, se fabrican consignas en silencio. Bajo el frio, las manos se preparan para la reyerta; en una latente violencia que calienta los corazones se fragua el sepelio de quien antaño fuera luz de unas mentes ciegas. Se acabaron los papeles, el instrumento se esfumó y con él  la razón de su existencia.  El cristal se quiebra, sólo queda una pavesa.

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