ESTAMPA II


Miro a mí mismo y no me veo.
Decrepitud que alimenta el tiempo.
Poco más me acaricio finito,
lo menudo de un cuerpo.
Caído por fuera, fundido por dentro.
Mirada fría,
la del que sólo despierto sueña.
Doliente que no tolera, ya no;
argucias de enamorado en celo.
Miro a mi mismo y no me siento.
Se fue la luna, no me abandonó
el deseo, quedó un rescoldo
a merced de un viento fresco.
Señor me dicen… zangolotinos,
pavesas posándose sobre seco.

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