CASANDRA

Sentada en su trono de princesa,
Casandra se aligera.
Ya nada le importa.
Sabe de su fin.
Se despacha sin contemplaciones.
Poderosa y ciega,
se enerva con cada palabra
clavando exabruptos en las miradas ajenas.
Se regodea en su condena.
Cada coma es un salivazo,
sabe que nunca va a terminar, o sí…
Sí, sí, sí…
Ya nadie te quiere escuchar.
¿A qué Apolo te negaste?
¿Quién te raptó tierna?
Un ángel blanco te recoge,
abre sus brazos a tus lágrimas,
única respuesta a un dolor antiguo.
Nada permanece, sólo las piedras…
El joven huye tras la sangre,
busca ayuda y se la niega, vocifera,
tapa sus oídos, sus ojos se anegan en la ceguera.
Se crece Casandra en las señales… el diez,
el temblor del mundo no cesa… …

                                                                                               A Naza.

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