>ELOELLA

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Se encontraron en el centro entre el barullo urbano de media mañana. Era lunes. Había pedido una hora en la oficina para dejar cerradas las vacaciones de sus padres. Llevaba prisa. Al salir de la agencia de viajes se encontró con el presidente de la comunidad que le habló apresuradamente de los problemas que había tenido con los pintores que habían contratado. Se limitó a asentir sin escuchar delante de un café que no se enfriaba. Cuando por fin se despidió del presidente comprobó que tenía el tiempo más que justo para reincorporarse al trabajo sin tener que soportar la mirada censora de su jefe. Llegó al portal con la agitación que esas situaciones no deseadas provocan.
-¿Hola?
Tardó en reconocerle. Tuvo que mirar dos veces para cerciorarse de que era él. Habían pasado muchos años y habían sido muchas las experiencias que habían cambiado su vida. Sin embargo no le había olvidado y allí estaba: se había convertido en todo un señor, todo su cuerpo había ensanchado de forma ostensible, pero conservaba la mirada pícara que siempre le había caracterizado, tal vez un poco más escondida entre los abultados párpados, y unas cejas pobladas que le daban, en general, un toque de maldad. Para él también había pasado el tiempo y los cambios no solamente se habían producido en su cuerpo, se le apreciaban en la cara. Vestía un traje gris que parecía de marca, se notaba que la corbata llevaba bastante tiempo fuera de su lugar. Sus manos le parecieron impecables. Siempre le habían encantado esos dedos largos que se apretaban contra su mano en el bolso del abrigo los días de invierno. Portaba una pequeña maleta de fin de semana color marrón y por las arrugas del traje no era difícil adivinar que había pasado varias horas conduciendo.
-¡Eres tú! ¡Has vuelto!
– Sí.
-No puedo llegar tarde… trabajo aquí…
-Está bien. ¿Comemos?
-Eh… vale… salgo a las dos…
-Encantado de verte…
Continuó su camino contestando sin mirar hacia atrás.
-Igualmente.
Pasó el resto de la mañana intentando concentrarse. Tenía que cuadrar un balance más que importante para que la empresa continuara a flote, y de alguna manera,  su permanencia en ella fuera duradera. El encuentro fortuito con él había desbaratado su capacidad para resolver problemas ineludibles; es más, su sabia intuición le decía que vendrían otros que pensaba que tenía superados. El aluvión de imágenes del pasado llegó cuando el primer intento por cuadrar números fallaba. Era como si tuviera necesidad de enfrentarse a un pasado no resuelto, casi olvidado. Tenía claro que eso le daría claridad a su mirada para enfrentarse a las cuentas con ánimos renovados.
-¿Por qué ha vuelto precisamente ahora? Y… ¿Para qué? ¿Ha sido casual? No, no puede ser…algo busca…
Se conocieron muchos años atrás. Su familia solía pasar largas temporadas en la casa que su madre había heredado en Cullera. Tuvo una adolescencia y juventud privilegiada, se pasaba el invierno en la pequeña y fría ciudad del páramo castellano añorando las playas valencianas con sus, en aquellos años, escasos turistas ingleses, alemanes, franceses… Era la envidia de la cuadrilla que en más de una ocasión se había desplazado, casi al completo, a la costa valenciana aprovechando la hospitalidad natural de sus padres. No pudo evitar una sonrisa de satisfacción al recordar aquellos veranos en los que despertaba a los placeres de la vida sintiéndose libre en un pueblo que crecía de año en año y que nada tenía que ver con la anodina y conservadora ciudad castellana.
-¿Cómo vas? ¿Va cuadrando?
-Eh… no, todavía no, estoy en el segundo intento.
La voz de su jefe rompió la dulzura del recuerdo. Intentó recuperar el gesto serio que la cuestión requería.
-A mí tampoco me cuadra. A ver si entre ambos logramos ver la luz. No es necesario que te diga la importancia que tiene…
-No, no es necesario. Es mucho lo que nos jugamos.
-Bien. Sea como sea, antes de terminar la jornada reúnete conmigo con lo que tengas.
-De acuerdo. Lo haré lo mejor que pueda.
-Lo sé.
Volvió a sus números enfrentándose a ellos con la firmeza que siempre había demostrado en los múltiples trabajos que había tenido. Pero no habían pasado cinco minutos cuando los recuerdos atacaron de nuevo conduciendo su mente a un mundo muy alejado en el tiempo que nada tenía que ver con el presente. Tan fuerte había sido la impresión causada por el encuentro.
Se conocieron en una de aquellas excursiones veraniegas de la cuadrilla. Él era primo de uno de sus mejores amigos del instituto. Sus tíos decidieron acogerlo con los brazos abiertos cuando en un trágico accidente de tráfico perdió a sus padres. Era hijo único y con su primo siempre se había llevado muy bien. Era de un pueblo cercano y el próximo curso lo empezaría en el instituto. Toda la cuadrilla lo aceptó de inmediato, sensibilizada por lo dramático de su situación. Él se dejaba llevar, pero se mostraba siempre distante, taciturno y sensible. No era especialmente hablador y se refugiaba en la lectura concentrada de Herman Hesse. En aquellos tiempos era uno de sus autores favoritos.
Poco antes de las dos colocó todos los papeles y se dirigió al despacho de su jefe. No había conseguido nada tras el segundo intento.
-No es necesario que me digas nada. Yo tampoco he conseguido ver claro. Estoy ofuscado por el cansancio y el estrés. Necesitamos airearnos para ver con claridad. Intenta descansar y puede que mañana lo solucionemos, aún tenemos margen de tiempo.
-De acuerdo, tienes razón. Necesitamos descansar… hasta mañana.
-Hasta mañana.
Respiró con alivio cuando entró en el ascensor. Sin embargo otras preocupaciones rondaban por su cabeza. Dudaba de si la aparición de media mañana en el portal había sido real o tan solo era la proyección de un deseo recuperado al pasado.
-¿Cómo puede ser que después de tantos años me cree esta inquietud? ¿Tan poco he cambiado? Debo mantener la calma… no me puedo mostrar vulnerable… no sé…
-¡Hola!
-¡Hola!
Se saludaron con dos discretos besos en las mejillas. Había mejorado su aspecto, había pasado por la ducha y vestía con un aire más juvenil.
-Salgamos de aquí por favor… necesito un poco de aire. Fue muy dura la mañana.
-Comprendo… caminemos… ¿Por dónde?
-Vayamos por la ribera del río, la temperatura es muy agradable y al lado del último puente hay un restaurante muy agradable.
-Perfecto. ¿Cómo estás?
-Disculpa… avisaré a mis padres para que no se preocupen.
-Sí… soy yo… no, no pasa nada. No me esperéis a comer… que no, es solo que tenemos que acabar un trabajo urgente en la oficina…no te preocupes. Sí, ya está solucionado… sí, la próxima semana… un beso.
-Sigues mintiendo a tus padres… ¿Cómo están?
-No ya no les miento, es solo que si les digo que estás aquí no me hubieran perdonado que no te llevara a casa… ¿quieres que vayamos a comer con ellos?
– Mentiría si te dijera que sí… pero no me importaría, claro que no, siempre fueron muy cariñosos conmigo.
-Sí, siguen siendo buena gente. Están bien, con los achaques normales de la edad. Los años han pasado para todos.
-Sí, pero tú te mantienes muy bien. ¿Hiciste un pacto con el diablo?
-¡Claro! Ja, ja, ja, ja…
Sonreía por primera vez.
-Es cierto… te encuentro genial.
-No te creas… mi cuerpo también ha cambiado…
-Bueno… pues ya ves yo… ni sombra del cuerpo atlético que tenía. Pero estoy bien, contento dentro de él aunque tendría que vigilar lo que como…
-¿Qué te ha traído de vuelta? Es evidente que algo relacionado con el trabajo… o… ¿vistes de traje todos los días? Lo dudo, habrás cambiado en todo lo demás pero en eso…
-Bien… en realidad estoy por trabajo… como sabes elegí la arquitectura como medio de vida. No me fue mal, tuve suerte de empezar en unos años en los que había que construir, remodelar y restaurar a toda costa. Sabes… es muy posible que acepten mi proyecto para restaurar la ermita y sus alrededores… nuestra ermita… ¿recuerdas?
-¡Eso sería genial! No tenía ni idea. Hace mucho que no me acerco, mucho… pero sé que necesita arreglos urgentes… está casi en ruinas… sí, nuestra ermita… lo pasamos muy bien entre sus viejos muros…
-No lo dudé un momento, cuando me enteré del concurso público me puse a ello con todas las ganas. Y ahora no puedo contener el nerviosismo, realmente tengo posibilidades. Hoy tenía que presentar el proyecto. Acababa de hacerlo cuando te encontré. Podría ser una señal…
-¿No hubieras hecho por verme?
-Seguramente no, hubiera esperado a saber el resultado… no sé qué hubiera hecho… no te voy a mentir…
Él seguía siendo sincero. Al escucharle comprendió que conservaba ese ímpetu espontáneo que le había caracterizado de jovencito siempre que emprendía algo con verdadera ilusión.
-En eso no has cambiado.
-Eh…
-La alegría que le echas a las cosas que emprendes.
-Siempre. No podría ser de otra manera. Tú… ¿ya no?
-Si hombre, pero a veces me cuesta y hoy ha sido un día duro. Problemas de trabajo. He pasado por tantas empresas que cada día que pasa y pienso que tarde o temprano me tocará empezar de cero una vez más… de alguna manera me entristezco. Necesito descansar.
-¿Necesitas ayuda económica? No puedo decir que me vaya del todo mal en estos tiempos que corren y si necesitas algo… ¿es necesario que te lo diga?
-No es por el dinero…afortunadamente conservamos la casa de Cullera de mi madre y como ellos ya están mayores han optado por el mundo de los balnearios. La tenemos alquilada todo el año. Eso es una garantía si llegara a una situación desesperada. No, no es por dinero. Gracias de todos modos.
-¡Cuántos buenos recuerdos!
-Muchos y muy buenos… ¿Te casaste?
Decidió cambiar el rumbo de la conversación. Sabía de su vulnerabilidad frente a la nostalgia.
-¡…eh! Sí, la verdad es que sí. Fue divertido… pero duró muy poco…Je, je, je, je. Te cuento, fue el año que por fin nos pudimos casar los homosexuales. Con la alegría por la nueva ley decidimos casarnos. La verdad es que nunca antes habíamos contemplado esa posibilidad. Roberto y yo llevábamos un par de meses disfrutando de un enamoramiento, digamos, violento, pasional. Después de la boda se fue enfriando de la misma manera que se había calentado. Pero nos casamos, y con las mismas nos divorciamos. Ahora somos muy buenos amigos, de verdad, la ruptura siguió un proceso natural, sin estridencias ni sorpresas. No me arrepiento y como te digo fue muy divertido.
-Te imagino… Je, je, je, je. Yo también me casé y me divorcié. Te aseguro que no fue un camino de rosas… hace unos años en esta ciudad todavía te miraban por la calle. Mis padres me dieron todo su apoyo, pero son de la generación que son y, la verdad, no fue fácil. Pero ya pasó… está superado. Tengo una hija que me idolatra, por cierto, está a punto de acabar arquitectura. Vive en Madrid y nos vemos con cierta regularidad. Tenemos una relación muy fluida.
-Sabía que te habías casado, pero nada más. Lo importante es que ahora estás… más o menos bien.
-De verdad que estoy bien. No hagas caso de lo que te diga… tan sólo fue un duro día de trabajo.
-Ya. ¿Y el resto de la cuadrilla?
Fue él quien recondujo la conversación. Sabía muy bien por dónde atacar para que no decayera la alegría del paseo.
-Dispersa por el mundo. Rara vez nos vemos, únicamente en los funerales. Aquí solo quedo yo. Tu primo hace mucho que no viene, le va muy bien en la Universidad de Columbia. Me alegré mucho cuando se fue… siempre hablaba de Nueva York con mucho entusiasmo.
-Sí. La última vez que le vi fue hace tres años. Yo estaba en un congreso y aunque me gustó mucho el encuentro, no le reconocía. Se ha convertido en un auténtico yanqui je, je, je. Estamos en contacto vía correo electrónico. Se tendría que haber convertido en algo parecido a un hermano, pero no fue así. Fue cuando me fui a estudiar fuera cuando aprendimos a confiar el uno en el otro. Sus padres eran y siguen siendo bastante retrógrados; pero hicieron mucho por mí cuando mis padres… no regresaron… disculpa… siempre me emociono.
Le puso la mano en el hombro, intentando que no fuera más allá. Lo que menos quería en aquellos momentos era deshacerse en lágrimas; aunque, tal vez, fuera lo que más necesitaba.
-En eso tampoco has cambiado.
-Sí, a veces me apetece llorar en silencio, así sin más. Solo por el placer de llorar.
-Ya, y por darle a tus preciosos ojos un brillo especial. Yo sabía siempre cuando habías llorado. Me lo decías con la mirada.
-Sí, ese era nuestro secreto. Me encantaba mirarte y abstraerme en tus ojos.
-Mira al frente que te vas a dar con un árbol.
-Disculpa… por un momento… es como si hubiera vuelto al pasado.
-Vas a conseguir enternecerme y ya somos muy mayores para esos juegos…
-¡Bravo! He conseguido sacarte los colores. ¡Hay un ser humano ahí dentro!
-Sigues siendo un mal bicho…
-No quería molestarte. A veces me excedo…
-No me has molestado… es solo que… ¿cuánto tiempo hace? ¿veinticinco años?
-Más o menos…
-Apareces de la nada y te comportas como si hubiera sido ayer, y me gusta, de verdad… pero, no sé, había olvidado cómo eras… y, sin embargo, sigues siendo el mismo… yo, sin embargo, me he dejado absorber por el carácter castellano… he cambiado…
-Todos hemos cambiado, no te vayas a pensar… ocurre que cuando te vi está mañana decidí al instante que tenía que verte… saber de ti… hablar del pasado…
-Sí claro. Aquellos años. Aquel mes de septiembre… no sabíamos lo que nos pasaba, yo lo supe en cuanto dejé de verte a todas horas… eran otros tiempos… estudié económicas, me casé y tuve una hija… cumplí las expectativas de mi familia y sin embargo… no conseguí una felicidad que pudiera mantener para siempre. Ahora solo sonrío cuando veo a mi hija con sus ilusiones, sus proyectos, sus amores; lo demás tan solo es apariencia… como diría el poeta, me habita invisible la tristeza en la sonrisa de los otros…
Era la primera vez en mucho tiempo que hablaba con el corazón. Se sintió mejor. Apareció su media sonrisa.
-Te sigue gustando la poesía… eso quiere decir que no has cambiado tanto…
-Que me guste la poesía no tiene nada que ver…
-Yo me fui a Madrid en cuanto pude, huyendo de la tutela de mis tíos como sabes.
-Cierto.
-Pero no te creas… tuve que afrontar decisiones complicadas para poder mantener una vida digna. Tuve que deshacerme de las propiedades, las tierras que tanto trabajo les habían dado a mis padres. Así pude acabar la carrera y vivir más o menos bien. La lucha con mis tíos no fue una tarea fácil. Renuncié a su ayuda. Les hice mucho daño cuando no pudieron hacer nada para detenerme. Opté por tomar las riendas de mi vida dejando de lado todo lo que habían tratado de inculcarme. De haber seguido por su camino ahora sería un cura de pueblo, piadoso y bueno…
-Je, je, je, je… Fue sonada la que preparaste… se habló mucho en aquel entonces… eras el tema de todas las conversaciones. Yo me refugié en mis estudios, dejé de salir con la cuadrilla y en cuanto podía me iba a Cullera, solo allí me sentía libre de las miradas ajenas. Nuestra relación… había sido tan… estrecha…
-Sí… estábamos emocionalmente muy confundidos. No estábamos preparados para aceptarnos a nosotros mismos… el peso de una sociedad anclada en el puritanismo más provinciano negaba cualquier posibilidad de ver una puerta abierta, un forma diferente de vivir la vida.
-Poco a poco eso fue cambiando…
-Afortunadamente somos testigos de ese cambio. No solo huía de mis tíos cuando decidí romper con todo. Decidí construir el mundo en el que quería vivir y para ello nada mejor que Madrid… no tuve que construir nada porque se estaba construyendo solo. El Madrid de aquellos años fue como un paraíso, yo llegaba de rezar rosarios y escuchar misa a diario, muy confundido, pero ávido por conocer a iguales…
-Fue un acto de valentía aceptarte, yo ahora me alegro… pero entonces… me refugié en mis estudios de económicas, me enamoré pensando que sería para toda la vida y cuando llegó mi hija no tuve ojos para el mundo que estaba cambiando.
-Tomamos caminos diferentes. Pero no creas… tuve que mantener mis objetivos muy presentes siempre para no perderme en el mundo de las drogas y de la noche madrileña y eso sí que se lo debo a mis tíos. Mi prioridad siempre era acabar la carrera y encontrar un buen trabajo. Compaginaba clases, horas de estudio con todo tipo de trabajillos ocasionales y además no dejaba de ir a conciertos, exposiciones y lugares donde saciar mi hambre de sexo…me costó mucho tener mi primera relación estable… nunca estaba seguro de que lo que sentía fuera auténtico… había algo que me impedía verlo…
-Lo conseguiste, tienes el mundo que querías a los veinte.
-Ja, ja, ja, ja. A los veinte no tenía ni idea… tan solo sabía que no quería formar parte de lo que mis compasivos tíos me ofrecían…
-Yo cumplí con lo que se esperaba de mí y romperlo fue traumático, no fui yo quien lo rompió… y ahora se lo agradezco.
-¿El divorcio?
-Sí. Sencillamente desapareció… sin más. Yo hablo de mi divorcio, pero nunca existió. Un día no regresó. Tardé meses en asumir que no iba a volver. Fue gracias a mi hija, creciendo con ella, como me redescubrí construyéndome.
-Poeta.
-Sí… algo escribo. Una vez más Cullera se convirtió en el espacio donde ser feliz de nuevo… Lo del divorcio fue una invención de mi madre en su afán por no dar explicaciones: “No quiero que te saquen cantares” me repetía una y otra vez… llegó un momento en el que acepté el juego. Es muy testaruda. Desde entonces nunca más se habló de mi ex en casa…y eso, la verdad, fue un gran alivio; bueno a mi hija se lo fui edulcorando lo mejor que supe y no lo debí de hacer mal, nunca supuso un trauma para ella.
-Me gustaría conocerla. ¿Podré?
-Sí. Puede ser bueno que os conozcáis, sois colegas. Tu experiencia le dará luces a su vida, sin duda.
-Estaré más que encantado de ayudarla en lo que sea.
-Te lo agradezco de antemano. ¿Quiere eso decir que te voy a tener cerca?
-Sí. ¿Sabes? Me encantaría reconstruir nuestra ermita.
-Le hace mucha falta, ya entonces estaba en ruinas…
-Aunque no me den el proyecto me encantará reconstruir nuestra ermita.
-¿Nuestra?
-Sí. No he olvidado las largas conversaciones que manteníamos y aquellos furtivos… Sí, me encantará aprender a quererte reconstruyéndonos, como dirías tú.
-¡Félix!
-Emilio.
-A mí también me encantará. Disfrutemos de ello entonces. ¡Dame un beso de verdad coño!

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8 comentarios en “>ELOELLA

  1. >¡Pues vente a tomar sidra, aún quedan pocos días pero te hacemos un güeco!! Jajaja…Bueno, bueno… viendo tu nuevo texto casi me arrepiento de molestar al artista entre horas, qué barbaridad y qué despliegue de talento y de recursos literarios tiene este hombre, conste que no te doy jabón para que seas mi guía ni adalid en nada ¿eh? jajajaja… Me quito el sombrero ante semejante diálogo, vibrante, ágil y claro a la hora de exponer un encuentro, una conversación, más que eso… todo un argumento,; te sugiero que escribas teatro si aún no lo has hecho… es más, si las diatribas funcionasen… quién sabe… conozco un actor varón muy bueno -muy bueno- que iría conmigo donde le pidiese -en el mejor de los sentidos-… buff… una obrita a dos tampoco tiene que ser tan complicada ¿no? Jajaja… pero… ¿qué coño vas a pintar tú en otro sitio? Si tu ciudad es Berlín, que lo sepas… ;b -jijiji-Bésote -sí…hala… bebí sidra hace un rato, pero ya se me pasó el efecto-

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