>ESTÁS MUJER.

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-¿Estás? ¿Mujer? No tuviste tiempo de avisar… ¿Qué te pasó? Ya sabes que no tienes más que llamar…venga un beso eh… arriba…
-Gracias.
-Deja que te vea… mírame, regresa… estoy aquí tan sólo para ti.
– No es eso lo que quiero para nosotros. ¿Cómo no mirarte? Eres lo mejor que tengo. Tranquilo no es el amor…o sí… no sé… … está vez no… quedamos en que nunca más…
– Mejor, así sé que eres dueña de tus actos… ¿qué es?
– No tengo nada, o si… sólo necesito tenerte cerca…
– Te quedas en casa. ¿Sola?
-Ya te dije… lo que ves…
-Bien, nos disfrutaremos con calma esta vez. ¡Bienvenida!
-¡Cómo darte las gracias!
-No tienes que darme nada ahora. Vamos… Ya me has dado bastante… ¿no crees? Esto sólo es un gesto de viejos y buenos amigos. Ya conoces mi incondicionalidad.
-Te quiero.
-Nos queremos. Y bien… ¿hablamos mientras tranquilamente en casa nos comemos… algo habrá… con una botella de vino?
-Lo estoy deseando. ¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos?
-Siempre es demasiado… pero seguimos estando y eso es lo bueno de nuestra relación…
-Sí, eso siempre fue lo mejor, a pesar de que a veces a ambos nos costó entenderlo… ¿cómo está tu corazón?
-No está solo… pero no has de preocuparte… sabrá quererte como yo te quiero. Regresa en unos días. Ya sabe de ti… de nosotros. ¿De dónde sales? No recuerdo…
– He dado tantas vueltas… Salí por pies de una tienda de alta bisutería en el centro de Barcelona. Resultaba artístico intentar vender collares malos disfrazados de una belleza fugaz. Tres puestas y perdían todo el poder de seducción. La clientela sabía… cómo no, los utilizan para ocasiones especiales, pero jugaba a no querer saber, a dejarse seducir por mis dotes para la venta. Esas ya sabes que son buenas. ¿Recuerdas los mercadillos?
-¿Cómo olvidarlos? Eras la mejor…
-Pero era diferente. Aquí me tenía que restaurar a diario.
– Coqueta, tampoco te habrá importado. Me encantaba ver cómo te aplicabas los barros.
-Sí, pero ahora de forma mecánica cada mañana… tan solo por dibujarme una sonrisa sincera.
-Eh… la sigues teniendo… a mi no me engañas…
-A ti no me cuesta, hasta es necesaria. Vendiendo collares bonitos pero mediocres es obligatoria y a veces… … además mi jefa, sin que a mí me molestara no dejaba de… a su manera quererme…
-¿Tu jefa?
– Sí, es una marica loca con dinero, ya te dije… del centro. Pero buena…Albert… es como suena el nombre… ¿no sé si me entiendes? Indeciso hasta el final. Divertido. Pero nada tonta; como le funcionaba muy bien quiso alargar la relación laboral. Pero no me ofreció un contrato maravilloso… no. Empezó por introducirme en su círculo de fiestas, amigos, clientes y eventos. Disfrutaba, pero tenía miedo de sentirme atrapada en un mundo falso, de poco mérito… de apariencia… ¡vah! Ya sabes cómo te digo tontorrón.
-Decidiste preservar tu autenticidad.
-Yo no lo hubiera dicho mejor. Con eso hubiera podido vivir… la autenticidad a veces queda para compartirla con los amigos.
– ¿Has podido todos estos años?
-Sí, sucumbí, como todos a la necesidad de tener que vivir de algo. Empleando mi facilidad para relacionarme como la vía más fácil… siempre he trabajado de cara al público… vendiendo… no te podrías hacer una idea. Irás sabiendo poco a poco, acabemos con Albert. No contento con tenerme como su amiga quiso emparejarme con todos y cada uno de sus amigos heterosexuales solteros.
-¡Ah! Algo había…
-Sí, claro que sí… pero ninguno que tuviera más fondo que una caja de zapatos de marca.
– Sigues siendo una mujer preciosa.
-Adulador. Reconozco que he tenido amantes tan intensos como buenos. Pero sabes que el sexo es algo que no tengo problema en encontrar, para mi desgracia no dejo de cruzarme con hombres que gotean como un jamón al curarse. El problema es que casi siempre el jamón me sale salado.
– Eso sí que es ser gráfica.
-Lo sabes tan bien como yo…
-Sí, así es… ¿y qué te pasó?
-Se trata de un joyero…
-Claro, ¿no te valía con una bisutera?
-No seas malo… el error de Albert fue que pensaba que me impresionaba con su mundo de fantasía en flor, cuando lo que tenía que haber hecho era ofrecerme una mejora de contrato. Me la merecía… concentré todas mis energías en su pequeña tienda durante seis meses… ¡no hacía otra cosa! Me gustaba disfrazarme de amiga que aconseja sinceramente sobre un complemento… ¿te das cuenta cómo he cambiado? No me siento mal por ello… o tal vez sí… no sé… ¿Acaso no hemos cambiado todos?
-Eso es cierto… pero lo importante es no perder el principio, saber que a pesar de esas concesiones que todos hacemos, el fondo sigue siendo el mismo; que somos capaces de escapar de ese mundo construido en falso para recuperarnos… ¿es ese tu caso?
-Sí…bueno… no… No he venido para hablar de mis principios… o tal vez sí… … El joyero en cuestión es un buen mozo de treinta y cinco años de aspecto… digamos reluciente… siempre como recién depilado, dorado por los rayos uva en invierno y algo más tostado por el sol en verano, perfumado en la justa medida, vestido en cada ocasión como corresponde, ajustándose, por supuesto, a los cánones de las últimas tendencias. Todo un figurín por fuera que gana al desnudarse… te confieso que no he visto cuerpo mejor hecho… eso sí, esculpido en largas sesiones de gimnasio, pero sin llegar a ser un vigoréxico…dentro de los límites de la normalidad, como suele decirse con todas las cosas en su sitio.
-Un adonis… ¿existen todavía?
-Sabes que sí… Tanta perfección no podía ser cierta… amigo de Albert, sin una mujer cerca… ¿recuerdas aquello de “ancho de espaldas y estrecho de culo maricón seguro”?
– Jejejeje.
– Pues eso… me limité a disfrutar de nuestros encuentros, en fiestas y celebraciones descartando cualquier tipo de relación que fuera más allá de unas risas, de unos comentarios más o menos acertados sobre las últimas creaciones en joyería; me equivocaba… con mi sincera indiferencia no hacía otra cosa que alimentar su interés por mí… no estuve despierta en esta ocasión, no supe verlo…
– Es eso lo que te duele. Tienes experiencia suficiente para saber por dónde y cómo caminar segura y, al parecer, esta vez tu sabia intuición te ha fallado…
– No, no es eso…me sorprendió más bien. Es cierto que mi intuición me falló, o él supo despistarme refugiándose en su imagen pública.
– ¿Qué ocurrió para que salieras de tu ceguera?
– Me invitó a una cena íntima en su casa. Nada formal… muy al contrario… me recibió completamente desnudo, tan sólo un simpático mandil con la imagen de Marilyn envuelta en su vaporoso vestido luchando con la corriente del conducto de ventilación del metro de Nueva York. Confirmé lo que ya intuía… estaba cañón. Pero no podía ni imaginar lo que vendría después. Ante aquél recibimiento decidí ponerme cómoda sin preguntar, sin hacer ningún comentario. Me desnudé. La cena fue bien, me conquistó con una buena botella de vino y un bacalao que parecía caramelizado; después pude comprobar que no era sólo el punto del bacalao lo que dominaba. Me dejé llevar por una conversación que versó sobre lo divino y lo humano, su vida, su familia… de alguna manera se desnudó ante mí mostrándose tal y como era, tal y como deseaba vivir. Quería abandonarlo todo… huir y empezar de nuevo lejos, lo más lejos posible de aquel mundo de diamantes y dinero.
– ¿Contigo?
– Eso vino a la mañana siguiente, después de una noche de pasión que no olvidaré nunca. Es uno de los mejores amantes que he tenido…
– Veamos… dices que no es el mal de amores lo que te ha traído de regreso, que no tienes nada y sin embargo te muestras enamorada…
– Había olvidado que no es la paciencia lo que te caracteriza. A la mañana siguiente, como te decía, amanecimos abrazados y sin casi darnos cuenta, se nos fue el día. Era domingo. Fue como recuperar la ilusión, un proyecto de vida en común, una huida hacia adelante… De verdad que me hizo sentir como hacía años…
– ¡Qué bonito!
– Decidimos mantenerlo en secreto, nos veíamos a diario. Me mudé a su casa a los quince días… confieso que me enamoré. Llegué a pensar que sería para siempre… ¿te imaginas? Pero a pesar de esta ceguera me he mantenido independiente…quise probarme. Una noche que él tenía que estar con sus padres salí en busca de un amante ocasional. No me había tomado la primera copa y ya tenía un pretendiente totalmente entregado. Tuve sexo y estuvo muy bien. Fue en un hotel barato del centro. Regresé a casa contenta y satisfecha conmigo misma. No se había anulado mi capacidad natural para estar con otros hombres y sin embargo a él le quería. Volvía a ser como siempre.
– Los dos sabemos que no todo el mundo entiende esta forma de actuar. Querer sin tener que negarte a lo que pasa por delante de nuestros ojos sonriéndote… otra cosa es no tener necesidad de ello cuando estamos enamorados. Márquez lo expresó muy bien… ¿recuerdas la Diatriba? Hay que desconfiar por principio de las cosas que nos hacen felices, reírse de ellas porque si no, al final son ellas las que se ríen de nosotros…
– Buena memoria… Fue Albert, sin saberlo, quien me forzó, de alguna manera, a hacer pública mi nueva situación. Como ya te dije eran amigos. Yo me reía en silencio cada vez que me hablaba de él; se le encendían los ojos de deseo sin ocultarlo y yo bromeaba al respecto sin darle ninguna pista sobre nuestra recién estrenada relación. Quería que le acompañase a Amberes con el pretexto de no sé qué feria de nuevos creadores de joyería. Iríamos los tres… todas mis alarmas saltaron ante la mirada inquisitiva de Albert. Acepté la invitación intentando que no se me notara nada. No porque supiera de nuestro idilio, tarde o temprano se tenía que enterar. Él no me había dicho nada, no habían pasado ni dos horas desde que nos habíamos despedido en la puerta de casa y no me había dicho nada. ¡Lo estábamos compartiendo todo! Pasé el resto del día bastante nerviosa… no contestaba a mis llamadas y no podía abandonar la tienda, ese día estaba sola. Cuando nos encontramos al final de la tarde él también estaba bastante agitado. -Esta feria y nos desaparecemos- me dijo. No pudo decirme nada porque él tampoco lo supo hasta ese día. Me dijo que no estuviera preocupada por Albert, que incluso se alegraría por ambos. Yo desconfiaba… las ferias se programan con bastante antelación y más cuando de joyas se trata, pero me dejé llevar por la idea del viaje a Amberes junto al hombre que quería, era nuestro primer viaje juntos.
– Está claro que no quieres que conozca su identidad.
– Te cansarás de saber quién es. Albert no se sorprendió cuando nos vio aparecer juntos en el aeropuerto. Intentó hacerse la marica ofendida entre sus comentarios jocosos. Pero en el fondo se alegraba. El viaje fue agotador. Visitas, encuentros, cierre de operaciones… venta a lo grande… eso sí, tuve el placer de lucir joyas que nunca hubiera imaginado…
– Nunca te atrajeron los colores brillantes de las joyas.
– También a eso sucumbí, pero sin llegar a perder la cabeza. Una joya encima puede ser una garantía cuando careces de dinero.
– ¿Lo sabes por experiencia?
– Bobo. Llegamos con el tiempo más que justo al aeropuerto de Amberes. Pasé la primera el control. El policía se empleó a fondo con sus toqueteos. Fue entonces cuando vi que mis acompañantes no sólo se habían distanciado en la cola sino que además se habían separado. Encendí el móvil para comunicarme con ellos y ver qué pasaba. En el transcurso de esta operación, nunca son lo suficientemente rápidos; ellos desaparecieron sin dejar rastro, sin contestar a mis llamadas. Agoté el tiempo buscándoles por todas partes. Embarqué en un estado lamentable; las azafatas no me dejaron en ningún momento, no podía articular palabra, tan solo lloraba… Pensé de todo en el trayecto, creo que nunca me había sentido tan desvalida…
– Enamorada.
– Cuando aterrizamos en El Prat me faltó tiempo para conectar el teléfono… no había ninguna llamada suya tan solo un mensaje de un desconocido que se presentaba como Esteve y que me estaría esperando a la salida. ¿Qué estaba ocurriendo? Allí estaba con mi nombre escrito en una cuartilla. Nos encaminamos hacia la cafetería. Se presentó como el abogado de Albert y me contó lo ocurrido. ¡Pretendían viajar con una docena de diamantes robados! ¡Cabrones! Fue lo primero que dije desde que había salido de Amberes. Esteve intentó tranquilizarme… ambos estaban retenidos y a pesar de no haber tenido tiempo para estudiar el caso me aseguró que había muchas posibilidades de que tan solo supusiera un trastorno burocrático para ambos. Me recomendó que no hablara con nadie del viaje a Amberes; sólo lo sabíamos los tres; y que actuara con la mayor naturalidad posible en la tienda. Después de dos días sin salir de casa, sin dormir, decidí buscar tu abrazo… él todavía no me ha llamado…
– Ya está… yo te cuidaré. Seguro que en el plazo de una semana tenemos noticias suyas… sea por la prensa o por Esteve. Ahora tienes que descansar, ya estamos llegando.
– Gracias…
– No me las vuelvas a dar o me enfadaré. ¿Sabes? Estás enamorada.
– Sí…
– Estás de acuerdo conmigo en que Márquez tenía razón.
– Sí…
– Pues ahora sólo te queda recuperar la sonrisa para poder reírte de todo lo ocurrido.
– Sí. Necesito unos días para descansar… luego prometo reírme… te lo prometo.

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6 comentarios en “>ESTÁS MUJER.

  1. >Wow!! Vaya historia, me la he leído enterita y mira que es larga la jodía, jajaja… Está muy bien, excelente diálogo, vibrante, ágil – siempre, claro está, desde mi modesta y humide opinión-. Has urdido una historia de principio a fin de una manera que creo que no es fácil, pero lo has hecho con estilo y coherencia, enhorabuena!Bésote.

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  2. >Ya sabes que cuando de amor se trata… no valen ideas preconcebidas… igual da que seas hombre o mujer… La historia de amor no se acaba con el desahogo por una experiencia, digamos intensa, queda abierta… siempre estarán las visitas a la cárcel… jejejeje. Afortunadamente se trata de una ficción. Gracias.

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