>AMACAYO

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Me acompaña el rumor suave de las olas, la marea baja. La playa se desdibuja en el reflejo urbano de sus farolas. La temperatura es buena. Tan solo un pareo me cubre casi de cuerpo entero. Estoy bien, descansado; sentado en un peldaño de una de las escaleras que conduce a las rocas de la playa. A mis pies un pescador prepara su anzuelo. Se limpia y se dispone a lanzarlo lo más lejos posible. Comprueba el último nudo y… allá va. Apoya su caña. Se quita la gorra. Busca una roca plana donde dejar sus posaderas; parece conocerla bien. Enciende un cigarrillo sabiendo que la espera puede ser larga. Estamos muy cerca. No articula palabra, parece seguro; el silencio es el mejor aliado en su lucha contra los elementos. Yo escribo. Abandono mi libreta. Quiero fumar. Mientras elaboro un cigarrillo las hojas de mi cuadernillo se encrespan por una repentina brisa que me refresca. El pescador me mira, sin expresión, por primera vez. Me rebullo en la piedra y enciendo el pitillo. El silencio, salvo el rumor de la marea baja, es monástico. Casi mágico.

Saco mi mp4. Elijo música suave. Bossa. Busco voces femeninas que me mezclen con el sonido lejano de las olas. Te elijo: me conduces a un mundo desconocido. Olvido al pescador que orina a corta distancia sobre una roca puntiaguda como si quisiera erosionarla. No me interesa. Desciendo con precaución la escalera húmeda intentando no molestarle en su afán por diluir la piedra, de robar mi intimidad con las olas.

Camino despacio. No estoy triste a pesar de todo. Has elegido bien, interpretas desde tu dolor; hay que decirlo: el día que cantaste no estabas rota, muy al contrario, estabas plena de alegría. Pero ya sabías del amor y sus trampas. Amacayo. ¡Qué bonito nombre para una canción! No sé qué cuentan sus palabras; pero me van meciendo despacio hasta el Rinconín cubierto con mi pareo rojo y negro… eran los colores de Pedro Luis. No estoy triste. Voy a cumplir un pacto de amor acordado años atrás cuando le diagnosticaron la enfermedad que, años después, le alejó casi definitivamente de mí.

Pedro Luis y yo estábamos enamorados, nos quisimos siempre: cuando lo compartimos todo y cuando decidimos que no nos dejaríamos de querer nunca aunque estuviésemos alejados en el espacio, en el tiempo, en otras personas…Él ha muerto. Sus cenizas ya se han confundido con el viento y el agua de alta mar. Su madre lo quiso así, ni un rastro… No sabía que yo le tenía tan dentro a pesar de los años, las personas, las ciudades.

Nos conocimos con veintidós años en una romería, en un pueblo que no era el nuestro. Un amigo común nos invitó a ambos. Compartimos nuestras vidas los siguientes diez años. Nuestros corazones cesaron cuando, fuera por los tratamientos experimentales, o por la tristeza del que sabe que su vida ya nunca sería la que estaba construyendo, Pedro Luis decidió dejarse morir. En aquellos años decir te quiero en voz alta a otro hombre era más que un reto; la gente no sabía si éramos primos, hermanos… lo hicimos todo juntos. Tan naturales, frescos, espontáneos que nunca tuvimos una mala sombra que nos impidiera ser como éramos. Nos distanciamos. Pero no perdimos el contacto; nos queríamos.

Me acerco al Rinconín, la casa sigue allí con su jardín un poco salvaje. Compruebo desde fuera que no hay perro y que los rosales están en flor. Accedo discretamente y con calma, si preocuparme de que puedan descubrirme; elijo las rosas más lozanas, las más olorosas. Me siento muy bien. Con las rosas en mis manos, escuchándote, me dirijo tranquilamente a la roca que Pedro Luis y yo habíamos convertido en nuestro espacio de libertad más íntimo. Allí está con su forma de diván desvencijado. Reconozco cada palmo con mis manos, juego con sus diminutos escondites. La imagen de Pedro Luis acude fresca sonriéndome. Le devuelvo la sonrisa, me siento muy bien. Con tu voz siempre presente huelo cada una de las rosas inundándome de Pedro Luis, disfrutándolo, haciéndolo grande. Lanzo las rosas una a una al mar en calma sin lágrimas. Tan sólo con la alegría de habernos construido juntos. Observo mi obra: un puñado de rosas flotando juntas en la inmensidad del mar. Sonrío. Me lanzo al agua conjurándome contigo contra tu dolor, llenándome de todo lo que Pedro Luis y yo habíamos sido para no perderlo, para hacerlo más grande, más hermoso.

Satisfecho me dejo acariciar por el agua en su vaivén, por el aroma de las rosas diluido en mis pensamientos, por el eco de tu voz en el silencio de la noche, por su hermosura… … Tal vez esperando algún pescador, tal vez deseando que seas tú aceptándome con mi socorro sincero…

Regreso dos días después renovado, renacido y feliz. Te veo y compruebo que tu mirada ha recuperado su brillo. No te cuento nada del pacto cumplido; pero siento inmediatamente que te quiero, que te quiero querer por encima de convencionalismos, construyéndonos. Te miro en silencio y te beso profundamente en mi interior sabiendo que me has aceptado. La cita es breve, sales deprisa, tienes que preparar el próximo repertorio. Partes alegre de haberme visto, inquieta por algo que empiezas a sentir dentro y que todavía no reconoces.

Aprenderemos a querernos como los dos ya hemos querido. Estoy feliz.

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6 comentarios en “>AMACAYO

  1. >Gracias poeta bululú al hablar en primera persona pudiera parecer un relato de algo vivido, o una proyeccíon de algo desesado… pudiera ser. A veces una voz, una canción, una… es capaz de provocarnos y producirnos estados que encauzamos como buenamente podemos. Gracias.

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  2. >Bueno… digo al igual que ayer, hablas con tu código personal aunque no secreto, lanzas la caña al mar, por lo que veo el mar y tú os lleváis bien, para tí es mucho más que un nido de sardinas, como proclamo en uno de mis poemas, jajaja.Códigos aparte, pues cada cual establece el que mejor le va, y cuando escribimos tratamos de comunicar aquello que no comunicamos cuando hablamos, es decir, aludimos de alguna forma a lo que vive dentro de nosotros pero en el mundo de las sombras, digo… el texto me gusta, pienso -desde mi modesta opinión- que se desarrolla a la perfección dentro del envase que has diseñado para él.Pásalo bien y trabaja lo menos que puedas sin que se note demasiado.

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